Pony Bravo

08 Mar 2014

__ Crónica por Miguel Muñoz para underscore.es

Ámbar Z Music es una iniciativa del Ayuntamiento de Zaragoza que junto con algunas asociaciones y patrocinadores viene, desde hace unos años, haciendo promoción de los grupos locales con un concurso de bandas anual y programando artistas ya establecidos, tanto nacionales como internacionales, entre los que en esta edición destacan Love of Lesbian, Delafé y las Flores Azules o Damien Jurado.

Ese día era el turno de Pony Bravo y el lugar la sala López, totalmente renovada tras el incendio que en julio pasado provoco graves daños en parte de su interior. Cuenta la historia que no es, ni mucho menos, el primer fuego que se desata en la zona ya que al pie del local se encuentra el Puente de Piedra, también llamado Puente de los Sitios, que imponente cruza el ancho caudal del Ebro hacia la Basílica del Pilar y se hunde en el casco histórico de la ciudad. En la Guerra de la Independencia a un paisano llamado Luciano Tornos no le quedó más remedio que apuntar un cañón de artillería al viaducto y a sus conciudadanos que huían de la villa ante el brutal asedio francés. Y a contracorriente consiguió su propósito que no era otro que el de que toda esa gente se diera la vuelta y se enfrentara al ejército de Napoleón. Y tal vez, a la contra, son algo así los Pony Bravo; sus demoledores cañonazos rítmicos, desde el oscuro dub de su anterior disco ("Un Gramo de Fe", 2010) al nocivo dance de su último trabajo ("De Palmas y Cacería", 2013) y sus letras, que desde el humor más surrealista y absurdo son, ahora, dardos envenenados hacia una clase política corrupta, una cultura corporativista y elitista y, en definitiva, una sociedad peleada consigo misma. Hay que añadir que la gestión de los derechos de la música de la banda se hace a través de Creative Commons , algo así como unas licencias de autor en las que éste decide los derechos que se reserva y permite que su trabajo pueda difundirse y compartirse de forma gratuita. Del copyright tradicional que se reserva todos los derechos pasamos a un copyleft que se reserva solo algunos de ellos. Y si atendemos a la fuerte personalidad de los sevillanos, a su devoción por lo tradicional y a su inquieta curiosidad por diferentes músicas tenemos que Pony Bravo es una rara avis en el panorama nacional.

Con el público, perezoso, aun entrando en el local y tomando posiciones, la banda andaluza salió a escena y empezó por el final de su ultimo LP, "El Mundo se enfrenta a grandes peligros" y sin parar, enlazando, la coreada "Noche de setas". A partir de "China da miedo" tanto Pablo Peña, como Javier Rivera y Darío del Moral comienzan un baile de cambios de instrumento entre el bajo, la batería y la guitarra. Solo Daniel Alonso permanece sobre los teclados sin moverse. "Ninja de fuego", con su aire a Semana Santa filmada por Tarantino fue otro de los momentos de la velada y es que este tema respira flamenco, hasta el bajo lo tocan con percusiones incluidas. Con "Turista ven a Sevilla" reivindican que la ciudad puede ser Zaragoza o cualquier otra y de su primer disco ("Si Bajo de Espaldas No me da Miedo y Otras Historias", 2008) rescatan "El rayo" y para después darle un puñetazo al neocolonialismo norteamericano tocando "Dick Cheney". Entonces, curiosamente, nos relajan con el deje contemplativo y exótico de "Guajira de Hawái". El ambiente tropical continúa con una asombrosa versión extendida de "Mangosta" en clave mambo frenético que fusionan con "Eurovegas" y su funk cañí. Jonathan Richman se hace protagonista con una revisión llena de urgencia de su "Roadrunner" (meek, meek) que hace de preludio para la traca final; el dub bailable de "Salmo 52:8", el desfasado éxtasis de "Ibitza" y una aclamada Rave de "Dios" con cachonda dedicatoria incluida al local donde actuaban (un fuego sanador) cerró esa parte del espectáculo.

Para los bises dejaron el divertido "Spoken word de mi DNI" y un final a lo grande interpretando de tirón una versión de "Here comes de hotstepper" de Ini Kamoze y la toxica "Zambra de Guantánamo" tan de LCD Soundsystem si James Murphy hubiera nacido en Dos Hermanas.

Y así esa noche la sala López se convirtió en templo pagano, de sonidos oscuros y ritmos ancestrales, reflejando de forma perversa, con el Ebro como espejo, a su análogo santuario en la orilla opuesta.

 

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